Yurisnel Domenech denuncia intimidación tras criticar actos de repudio contra Mike Hammer
El joven Yurisnel Domenech denunció intimidación de la Seguridad del Estado tras rechazar en redes los actos de repudio contra Mike Hammer.

El joven cubano Yurisnel Domenech, residente en Granma, afirmó que agentes de la Seguridad del Estado lo citaron e intimidaron después de publicar en redes sociales su rechazo a los actos de repudio contra el diplomático estadounidense Mike Hammer. Según su testimonio, la presión también se extendió a su familia, con advertencias de consecuencias si continuaba “diciendo la verdad” sobre la crisis que vive la isla.
📌 Detalles de la denuncia:
- Domenech fue citado por agentes en su municipio y amenazado con represalias.
- Su crítica se centró en los actos de repudio organizados contra Hammer, vistos como una estrategia oficial para hostigar la diplomacia estadounidense.
- Denunció que la persecución alcanzó a su familia, generando miedo e incertidumbre.
- Afirmó que su único “delito” fue expresar públicamente la realidad de la crisis cubana.
📌 Contexto político: Los actos de repudio contra Hammer se han multiplicado en distintas provincias, organizados por el régimen para desacreditar su contacto con la sociedad civil. La represión contra ciudadanos que cuestionan estas prácticas confirma la criminalización de la libertad de expresión en Cuba. La presión internacional sobre La Habana aumenta, mientras Washington denuncia el hostigamiento contra su misión diplomática.
📌 Impacto ciudadano: El caso de Domenech refleja cómo la represión no se limita a activistas reconocidos, sino que alcanza a ciudadanos comunes que opinan en redes sociales. La intimidación a su familia muestra la estrategia de control social extendida más allá del individuo. La denuncia se viralizó como ejemplo del costo de “decir la verdad” en Cuba.
🧩 Crítica editorial: La amenaza contra Yurisnel Domenech confirma que en Cuba opinar en redes sociales puede ser tratado como delito. El régimen no solo reprime a diplomáticos y opositores, sino también a ciudadanos comunes que se atreven a cuestionar la propaganda oficial. La pregunta inevitable: ¿qué teme más el poder, un diplomático extranjero o un joven que denuncia la crisis desde su barrio?
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