Vecinos de Santiago de Cuba capturan a machetero que asaltó una casa y amenazó a un niño

Vecinos de Santiago capturaron a un machetero que asaltó una casa y amenazó a un niño, reflejando la ausencia estatal en la seguridad.

Vecinos de Santiago de Cuba capturan a machetero que asaltó una casa y amenazó a un niño

Vecinos capturan a machetero en Santiago: justicia por mano propia

La inseguridad ciudadana en Cuba ha alcanzado un nivel tal que los propios vecinos se ven obligados a hacer el trabajo que la policía no hace. En la tarde de ayer, un joven armado con un machete ingresó a una vivienda en la ciudad de Santiago de Cuba, amenazó a un niño y robó el teléfono móvil de una doctora. Antes de que pudiera escapar, un grupo de residentes de la zona lo interceptó, lo redujo y lo capturó, impidiendo que huyera con el botín.

El hecho, ha reavivado el debate sobre la creciente ola de violencia en la isla y la total inoperancia de las autoridades para garantizar la seguridad de los ciudadanos. “La policía llegó después de que ya lo teníamos amarrado”, declaró un vecino que participó en la captura y que pidió mantener su identidad en el anonimato por temor a represalias.

Lo que hace diferente este caso es la reacción de la comunidad. Lejos de esperar a una policía que tarda horas en responder —cuando responde—, los vecinos organizaron una persecución a pie, acorralaron al asaltante y lo inmovilizaron hasta que llegaron las autoridades.

Los robos con violencia, asaltos a viviendas, hurtos de vehículos y agresiones físicas se han multiplicado en los últimos años, coincidiendo con el agravamiento de la crisis económica. No podemos obviar que la desesperación por conseguir alimentos, divisas o bienes de valor ha empujado a muchos a delinquir, mientras que la policía, mal pagada, mal equipada y desmotivada, no da abasto.

Hay falta de confianza en el sistema judicial y policial, lo que ha llevado a que los ciudadanos decidan protegerse por sí mismos, con el riesgo que ello conlleva de caer en la violencia desmedida o en la venganza.

“Nos da miedo salir a la calle. La policía no aparece. Si no nos protegemos entre nosotros, ¿quién lo hará?”, preguntaba un residente del barrio donde ocurrió el asalto.

Cuando la policía sí se pronuncia, suele hacerlo para justificar la lentitud de su accionar por “falta de combustible” o “insuficiencia de patrullas”. Excusas, que los cubanos ya no aceptan.

El episodio del machetero en Santiago de Cuba no es una anécdota. Es un parte de guerra de una sociedad que se desmorona. Cuando un niño es amenazado dentro de su propia casa, cuando una doctora es despojada de su celular bajo la hoja de un machete, y cuando los vecinos tienen que organizarse para capturar al delincuente porque la policía brilla por su ausencia, entonces estamos ante algo más que inseguridad: estamos ante un Estado fallido.

El régimen cubano ha abandonado a sus ciudadanos. No hay patrullaje, no hay investigación eficaz, no hay prevención. Y lo que es peor: no hay voluntad política para resolverlo. Mientras los ministros y generales viven protegidos en sus residencias privadas, los cubanos de a pie se enfrentan solos a la delincuencia, armados solo con su coraje y su desesperación.

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