Se vende la casa de Compay Segundo en La Habana por 65.000 dólares
La casa de Compay Segundo en La Habana se vende por 65.000 dólares, reflejo de la dolarización del mercado inmobiliario cubano.

Un símbolo cultural convertido en lujo inmobiliario
La reciente oferta inmobiliaria que confirma la venta de la casa de Compay Segundo en La Habana por 65.000 dólares ha puesto de relieve las profundas contradicciones del mercado de la vivienda en Cuba. Situada en el reparto Casino Deportivo, la propiedad de casi 300 metros cuadrados, con cuatro habitaciones, garaje y sistemas de seguridad avanzados, se comercializa en un contexto donde la mayoría de la población carece de acceso a materiales de construcción y vive en condiciones de hacinamiento y precariedad estructural.
El precio solicitado, equivalente a más de 32 millones de pesos cubanos en el mercado informal, es una cifra astronómica para el ciudadano promedio, evidenciando la brecha abismal entre una élite con acceso a divisas y la inmensa mayoría que subsiste con salarios estatales devaluados. La transacción no solo involucra metros cuadrados y acabados de calidad —como agua fría y caliente, un lujo en la isla—, sino también el valor simbólico del patrimonio cultural asociado a Máximo Francisco Repilado Muñoz, leyenda del son y del Buena Vista Social Club.
Sin embargo, la necesidad económica o el interés particular han prevalecido sobre la preservación histórica, privatizando un pedazo de la memoria musical de la nación. Este tipo de ventas ilustran la dinámica de una economía dolarizada de facto, donde el Estado ha perdido el control del sector inmobiliario y la propiedad se concentra en manos de quienes poseen capital externo.
La vivienda, con su terraza en forma de “L” y su diseño funcional, representa un nivel de vida inalcanzable para quienes sufren diariamente los apagones y el desabastecimiento, contrastando con la opulencia de unos pocos. La venta de este inmueble es un reflejo del colapso estructural del modelo cubano, donde la vivienda se ha convertido en un bien de lujo y la desigualdad se mide en metros cuadrados.
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