Rusia evalúa nuevos envíos de petróleo a Cuba
Rusia evalúa nuevos envíos de petróleo a Cuba, pero la ayuda es insuficiente y revela la dependencia del régimen en plena crisis energética.

Rusia evalúa nuevos envíos de petróleo a Cuba mientras el régimen sigue culpando al bloqueo
El viceministro ruso de Exteriores, Alexánder Pankin, dejó abierta este jueves la posibilidad de que Moscú envíe más cargamentos de petróleo a Cuba, en medio de la peor crisis energética que ha sufrido la isla en décadas.
Las declaraciones del funcionario, recogidas por Actualidad RT, confirman que el Kremlin sigue dispuesto a apuntalar al régimen de Díaz-Canel, pero también revelan las enormes dificultades logísticas que implica mantener a flote a una dictadura que se hunde en los apagones y la escasez.
“Es casi como una aventura llevar un barco con petróleo o productos derivados a Cuba a través del Atlántico, el canal de la Mancha o el mar Báltico”, admitió Pankin, en una frase que resume la precariedad de la alianza: el único aliado dispuesto a enviar crudo lo hace a regañadientes, sorteando rutas vigiladas por Occidente.
El primer cargamento, transportado por el petrolero Anatoli Kolodkin con 100.000 toneladas (unos 700.000 barriles), llegó a Matanzas a finales de marzo y apenas ha servido para aliviar unos días la demanda doméstica. Las autoridades cubanas han reconocido que ese volumen solo cubre hasta finales de abril, y que el país necesita ocho barcos mensuales para funcionar con normalidad.
Pankin, sin embargo, reafirmó que Cuba es para Rusia “un amigo y socio”, en sintonía con las declaraciones del canciller Serguéi Lavrov durante su visita a China, donde aseguró que Moscú continuará brindando asistencia energética a la isla.
La ayuda rusa, presentada por el Kremlin como “humanitaria”, es en realidad un salvavidas geopolítico: Putin necesita a La Habana como aliado simbólico en su pulso contra Estados Unidos, y Díaz-Canel necesita el petróleo ruso para que los cubanos no se mueran literalmente de hambre en la oscuridad.
La dependencia externa del régimen castrista se ha hecho más evidente tras el colapso de los envíos desde Venezuela —cortados desde la captura de Nicolás Maduro en enero— y la suspensión de suministros mexicanos por presión de Washington.
El gobierno de Estados Unidos permitió la entrada del primer cargamento ruso por razones humanitarias, pero advirtió que las futuras operaciones serán revisadas “caso por caso”. Además, una orden ejecutiva de Donald Trump del 29 de enero declaró al régimen cubano una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional, abriendo la puerta a imponer aranceles a cualquier país que venda petróleo a la isla.
Pero hablando claro y sin tapujos: la ayuda rusa es insuficiente, esporádica y condicionada a los intereses del Kremlin. El régimen de Díaz-Canel, que lleva años culpando al “bloqueo” de la escasez, depende ahora de un aliado que también está sancionado por Occidente y que apenas puede enviar un barco cada varios meses.
La aventura de mantener a flote una dictadura es cada vez más cara. Y los cubanos, los que pagan el precio, siguen a oscuras. Esperando un milagro que no llega. O un cambio que no termina de producirse.
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