Profesor cubano denuncia en Uruguay la pena de muerte, el adoctrinamiento y la miseria del castrismo

Un profesor cubano denunció en la legislatura de Uruguay la pena de muerte, el adoctrinamiento escolar y la miseria que se vive en la isla.

Profesor cubano denuncia en Uruguay la pena de muerte, el adoctrinamiento y la miseria del castrismo

Profesor cubano denuncia en la legislatura de Uruguay la pena de muerte, el adoctrinamiento y la miseria del castrismo

Un profesor cubano, cuyo nombre no ha trascendido para protegerlo de posibles represalias contra su familia en la isla, protagonizó un emotivo y contundente discurso en la legislatura de Uruguay que ha dado la vuelta al mundo.

En su intervención, el educador desmontó uno por uno los mitos del castrismo y lanzó una advertencia que pocos quieren escuchar: en Cuba existe la pena de muerte, aplicable por delitos tan vagos como “rebelión” o “traición a la patria”, y el régimen de Díaz-Canel está dispuesto a usarla ante el creciente descontento social.

“En el 2022 se habilitan 24 artículos que son aplicables de pena de muerte, ocho de ellos delitos contrarrevolucionarios”, denunció el profesor. “En Cuba se llora de pobreza. Ustedes no saben lo que es llorar de pobreza”, dijo, con la voz quebrada.

El discurso, que duró más de doce minutos, fue una descarnada radiografía del día a día en la isla. El profesor habló de las condiciones “ignominiosas” de las cárceles, de las violaciones y vejaciones constantes, y del sufrimiento de las familias de los presos políticos.

También desmontó el relato del “bloqueo” como causa única de la crisis: reveló que el conglomerado militar GAESA maneja más de 18 mil millones de dólares en activos —12 mil en efectivo—, una fortuna inauditable que el régimen utiliza para construir hoteles de lujo mientras los hospitales se caen a pedazos y los niños no tienen agua.

Describió la vida cotidiana con crudeza: “Al cubano le corresponde un pancito así, que ustedes no se lo darían a sus mascotas. Ese pancito así nos toca a cada uno”.

Explicó que la supuesta gratuidad de la educación y la salud es una deuda impagable: trabajaba cuatro horas en el campo para pagar sus estudios, luego hacía servicio social donde el Estado decidía —a 800 kilómetros de su casa—, y después de 20 años de aportes, al emigrar, no tiene derecho a un peso. “No terminas de pagar la carrera nunca”, sentenció.

El profesor también denunció el adoctrinamiento sistemático en las escuelas cubanas: diez primeros minutos de cada jornada para “debate político”, donde cualquier noticia debía pasar por tres filtros: superioridad del socialismo, confianza en la Revolución y sus líderes, y un tercero que no recordaba.

“Si ibas a hablar de un ciclón, tenías que decir: ‘Si este ciclón hubiera pasado en Uruguay con un gobierno capitalista, no tendrían la atención que tenemos'”, ironizó. “Es obsceno, da risa, si no fuera por lo serio que es”.

Su mensaje final fue una advertencia y un llamado. “El régimen la tiene tensa, y un tigre herido es peligroso. Me da mucho miedo”, confesó. Reveló que Cuba mantiene en moratoria la pena de muerte —desde los fusilamientos de Arnaldo Ochoa y otros en 1989— pero ha aumentado los delitos que son plausibles de ser castigados con ella, y que ante el incremento del descontento social, coroneles y juristas ya hablan de aplicar “las más severas medidas”.

“Cuba es el infierno en la tierra. Cuba es sufrir a tus hijos, a tus viejos. Se perdió toda la dignidad en la muerte”, lamentó. Y concluyó con un grito que retumbó en la legislatura uruguaya: “Abajo el comunismo una y mil veces. Patria y vida. Gracias, Uruguay”.

El discurso, que algunos legisladores presentes escucharon conmocionados, ha sido compartido miles de veces en redes sociales. Mientras tanto, en Cuba, la censura oficial ha silenciado por completo las palabras del profesor. Pero su voz, como la de tantos, ya cruzó el estrecho. Y el mundo, esta vez, no podrá decir que no sabía.

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