Luismi Arias, detenido por escribir en redes sociales: la represión digital en Cuba
Luismi Arias, joven de 24 años en Ciego de Ávila, fue detenido por publicar opiniones en redes sociales y lo amenazan con cárcel.

Luismi Arias tiene 24 años, vive en Ciego de Ávila y su único delito fue escribir en redes sociales: detenido por la Seguridad del Estado
Luismi Arias tiene 24 años, vive en Ciego de Ávila y su único delito fue escribir. No golpeó a nadie. No robó. No incendió un camión. Solo publicó opiniones en sus redes sociales, y por eso la Seguridad del Estado lo detuvo, lo esposó y lo trasladó al centro de instrucción penal conocido como “Todo el Mundo Canta”, un lugar que en Cuba es sinónimo de interrogatorios, presión psicológica y, según múltiples denuncias, malos tratos.
Su familia aún respira, pero no tranquila: las autoridades lo amenazaron con prisión si vuelve a publicar cualquier cosa.
Actualmente, Luismi está libre. O al menos en una versión falsa de la libertad, esa que el régimen concede a los disidentes para que no puedan decir que están presos, pero que tampoco les permite ejercer sus derechos. Porque en Cuba, la libertad de expresión no existe. No en la calle, no en las protestas, y tampoco en un simple post de Facebook o X.
El gobierno de Díaz-Canel ha perfeccionado el arte de la represión digital: no necesitan apagar internet, les basta con que los ciudadanos sepan que, si publican algo incómodo, alguien llamará a su puerta.
La hipocresía del régimen es tan grande como su cinismo. Miguel Díaz-Canel se atreve a decir que en Cuba no hay presos políticos, mientras su policía secuestra a jóvenes por escribir en redes sociales. No hay presos políticos, dice, pero hay centros de reclusión llamados “Todo el Mundo Canta” donde se amedrenta a quienes se atreven a pensar diferente.
No hay presos políticos, dice, pero amenazan con años de cárcel a un chico de 24 años si vuelve a publicar. ¿Cómo se llama eso, si no es represión política?
Luismi Arias es un joven que quiso decir lo que pensaba en un país donde pensar ya es un delito. Su caso no es único: es la regla. Y mientras él vuelve a su casa con miedo, los funcionarios del Partido siguen navegando en sus privilegios.
En Cuba, la libertad de expresión no es un derecho: es un permiso que el Estado otorga y revoca a su antojo. Y cuando lo revoca, no avisa: esposa. Y si no hay suficientes esposas, inventan centros como “Todo el Mundo Canta”. Porque en Cuba, el canto no es libre. Es una advertencia. Y quien no la respeta, canta preso.
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