La Unión Europea revisa en silencio su acuerdo con Cuba

La Unión Europea revisa en silencio su acuerdo con Cuba; activistas exigen que no sea un gesto cosmético y piden suspenderlo.

La Unión Europea revisa en silencio su acuerdo con Cuba

La Unión Europea revisa en silencio su acuerdo con el régimen cubano: activistas advierten que no debe ser un “ejercicio cosmético” que perpetúe la impunidad

La Unión Europea ha iniciado un proceso de revisión del Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación (ADPC) con Cuba, aunque el procedimiento aún no ha sido anunciado públicamente. Según denunció la organización Ciudadanía y Libertad, la revisión ya está en curso, pero las respuestas ofrecidas hasta ahora por el gobierno de Miguel Díaz-Canel han sido calificadas de “insatisfactorias”.

El proceso ocurre en un contexto de crecientes cuestionamientos a la política europea hacia La Habana, marcada durante años por un trato de excepcionalidad pese a las reiteradas denuncias de violaciones de derechos humanos en la isla.

La organización, que se ha reunido con representantes del Servicio Europeo de Acción Exterior en Bruselas, advierte que este proceso no puede convertirse en un “ejercicio cosmético” que perpetúe la impunidad de los jerarcas del régimen. Se ha solicitado formalmente la activación del artículo 85 del acuerdo, que prevé la suspensión del pacto en caso de violaciones graves de derechos humanos.

Recordando que mientras a Venezuela y Nicaragua se les aplican sanciones bajo mecanismos como el Acta Magnitsky, recalcan que Cuba sigue recibiendo un trato privilegiado sin contrapartidas reales.

El Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación, firmado en 2016, fue presentado en su momento como una apuesta estratégica de Bruselas para incentivar reformas en la isla.

Sin embargo, la realidad ha demostrado lo contrario: mientras Europa abría sus puertas, el régimen de los Castro endurecía la represión, multiplicaba los presos políticos —más de 1,200 según organizaciones defensoras de derechos humanos— y profundizaba su alianza con Rusia, llegando incluso a facilitar el reclutamiento de mercenarios cubanos para la guerra en Ucrania.

El giro europeo no es casual. En enero de 2026, el Parlamento Europeo aprobó una enmienda histórica —la número 82— que por primera vez califica a Cuba como una “dictadura represiva” y cuestiona abiertamente la continuidad del acuerdo de cooperación.

La presión de la sociedad civil cubana en el exilio y de organizaciones internacionales ha ido calando en los eurodiputados, que ya no aceptan el discurso oficial de La Habana como moneda de cambio.

El gobierno de Díaz-Canel, acostumbrado a utilizar los acuerdos internacionales como salvavidas sin ceder en sus estructuras totalitarias, se enfrenta ahora a un escenario incómodo. Europa, que durante años miró hacia otro lado mientras los Castro violaban sistemáticamente los derechos humanos, parece dispuesta al menos a someter a escrutinio su propia política.

Pero la pregunta sigue flotando: ¿será esta revisión un gesto genuino o apenas una maniobra para apaciguar las críticas sin tocar el fondo del problema? Los activistas lo tienen claro: no más cosmética. Impunidad no. Y mientras tanto, los presos políticos cubanos siguen en las mazmorras. Europa mira. Cuba, como siempre, espera. O debería empezar a temer.

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