El régimen apuesta por el maíz híbrido para alimentar animales

El régimen impulsa un plan de maíz híbrido para alimentar animales, mientras los cubanos enfrentan hambre y escasez.

El régimen apuesta por el maíz híbrido para alimentar animales

El régimen apuesta por el “maíz híbrido” para alimentar cerdos y gallinas, mientras los cubanos siguen sin comer

En medio de la peor crisis alimentaria de las últimas décadas, el gobierno de Miguel Díaz-Canel ha puesto en marcha un ambicioso proyecto de “maíz híbrido” con el que aspira a sembrar hasta 50,000 hectáreas en diez años en varias provincias del país. El plan, que comenzó en 2024, cuenta actualmente con unas 1,700 hectáreas en regiones como Mayabeque, Matanzas, Cienfuegos y Ciego de Ávila.

El objetivo declarado: producir pienso animal para la avicultura y la cría de cerdos, y así reducir las importaciones de maíz que el régimen ya no puede pagar.

Las autoridades lo presentan como una pieza clave de la “soberanía alimentaria”, ese eslogan vacío que el gobierno repite desde hace años mientras los cubanos hacen colas de madrugada para llevarse un pedazo de pan.

Pero la realidad es tozuda: el programa se suma a una larga lista de intentos previos por aumentar la producción agrícola —desde la “agricultura urbana” hasta los “patios familiares”— que no han logrado resolver la escasez de alimentos en la isla. El maíz híbrido, como casi todo en Cuba, llega tarde, mal y nunca en las cantidades prometidas.

La ironía es cruel: el régimen se entusiasma con sembrar maíz para alimentar cerdos y gallinas, mientras los seres humanos —los cubanos de a pie— siguen sin tener acceso a una alimentación básica.

La leche en polvo escasea, el arroz se raciona, la carne es un lujo que solo unos pocos pueden pagar en el mercado negro. Pero al menos los cerdos y las gallinas, según el plan oficial, comerán maíz híbrido. Los cubanos, mientras tanto, seguirán comiendo lo que puedan raspar.

El proyecto no es nuevo. Cuba lleva décadas dependiendo de importaciones de maíz y otros productos básicos porque su modelo agrícola colectivizado ha fracasado estrepitosamente. Las tierras estatales son improductivas, los insumos no llegan, los precios están distorsionados y los agricultores privados —cuando existen— trabajan con las manos atadas por la burocracia y el miedo a la persecución.

Sembrar 50,000 hectáreas en diez años suena bonito en un discurso, pero al ritmo actual —1,700 hectáreas en dos años— el plan se completará, en el mejor de los casos, en el siglo XXII.

Y no olvidemos que el pueblo sigue esperando. Los ancianos rebuscan en la basura. Los niños van a la escuela con el estómago vacío. Los enfermos no tienen medicinas. Pero el régimen, fiel a su estilo, prefiere invertir recursos en proyectos faraónicos de dudosa viabilidad antes que garantizar lo básico.

El maíz híbrido, como el “socialismo próspero y sostenible”, es otra promesa más que se suma al cementerio de las buenas intenciones revolucionarias. Y los cubanos, los que no tienen apellido Castro ni padrino en el gobierno, seguirán haciendo cola. Y soñando con un plato de comida que no depende de la próxima cosecha de maíz para cerdos.

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