El cubano que caminó 800 km por el Camino de Santiago pidiendo un cambio para Cuba

Un cubano recorrió 800 km del Camino de Santiago pidiendo un cambio para Cuba, ofreciendo su peregrinación por la situación de su pueblo.

El cubano que caminó 800 km por el Camino de Santiago pidiendo un cambio para Cuba

El cubano que caminó 800 kilómetros por el Camino de Santiago pidiendo un cambio para Cuba: “Pedí por la situación de este país todo el tiempo”

Un gestor de redes informáticas del Obispado de Santa Clara, identificado como un cubano cuya identidad completa no ha trascendido para protegerlo de posibles represalias, completó recientemente el Camino de Santiago, una travesía de aproximadamente 800 kilómetros a pie que lo llevó desde Saint Jean Pied de Port, en Francia, hasta la catedral de Santiago de Compostela, en Galicia.

Su periplo, de 40 días, no fue solo una aventura personal. Fue una peregrinación ofrecida por su país, por su gente, por el cambio que millones sueñan pero pocos se atreven a pedir en voz alta.

“Yo ofrecí ese camino por la situación de este país, todo el tiempo pedí por Cuba, por que hubiera un cambio de cualquier forma”, afirmó el peregrino en declaraciones recogidas por medios independientes.

Su recorrido, que comenzó junto a un compañero de su congregación salesiana y terminó sumando hasta catorce participantes, fue una experiencia de esfuerzo físico, pero sobre todo de reflexión y contraste. En la oficina del peregrino, donde se registró al inicio de la ruta, el funcionario que lo atendió le confesó que en 30 años de trabajo nunca había inscrito a un cubano.

El contraste entre la España que recorría y la Cuba que dejó atrás lo marcó profundamente. “Ves cosas tan simples como árboles llenos de manzanas que se pudren, y entonces te viene a la mente cómo aquí son pocos los padres que pueden, incluso, comprarles frutas a sus hijos”, señaló.

Su relato, ha conmovido a miles de cubanos dentro y fuera de la isla, que ven en sus palabras el reflejo de una realidad que el régimen intenta ocultar: la escasez, el hambre, la falta de horizontes.

En O Cebreiro, una aldea montañosa gallega famosa por un milagro eucarístico medieval, vivió un momento que él interpretó como una señal. Encendió una vela frente a las reliquias y se quedó hasta que se consumió, pensando en Cuba.

“Empecé a llorar. Sentí que alguien me tocó por detrás y me preguntó si era cubano. Resulta que era precisamente un sacerdote, también cubano, que estaba peregrinando”, relató.

Al salir, en una tienda de recuerdos, un vendedor le entregó dos pasadores con el símbolo del Camino y la bandera cubana que, según dijo, había reservado para él. “No fue casualidad. Tengo fe en que Dios me escuchó, porque de alguna manera siento que Cuba está cambiando”, aseguró.

A pesar de haber tenido la oportunidad de quedarse fuera del país, el peregrino decidió regresar a Santa Clara. “Mucha gente me decía, si ya saliste cómo vas a regresar, pero ese no era mi objetivo. Tengo muchas cosas pendientes por hacer. Mi labor ahora mismo está aquí”, explicó.

Su trabajo en el Obispado y su colaboración en la parroquia de El Carmen, donde participa en el programa “Tuve hambre” que ofrece alimentos a más de 400 personas vulnerables, es su forma de ayudar a los que más lo necesitan en una isla donde el Estado se ha esfumado. Su fe, más que en Dios, parece estar en el pueblo.

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