Dos jóvenes presos en Guanabacoa mientras la banda agresora sigue libre
Denuncia ciudadana revela que dos jóvenes siguen presos en Guanabacoa, mientras los verdaderos agresores están libres bajo protección legal.

El caso de Guanabacoa: dos jóvenes siguen presos mientras la banda que desató la violencia camina libre
¡Denuncia ciudadana! Obtenida y verificada directamente por el Periódico de Cuba
Días atrás, este medio publicó una noticia sobre un hecho violento ocurrido en Santa Fe de Guanabacoa, donde un hombre perdió la vida en medio de una disputa por un terreno cercado de forma irregular. Tras nuevas informaciones recibidas y una revisión de los testimonios, la redacción decidió reformular la noticia para abarcar los datos novedosos. Ahora presentamos una actualización basada en una denuncia ciudadana directa, que arroja luz sobre lo ocurrido la noche del 9 de abril y, sobre todo, sobre lo que vino después: una historia de injusticia que tiene a dos jóvenes inocentes en la cárcel mientras los verdaderos agresores siguen libres.
El origen del conflicto sigue siendo el mismo: un terreno en la Carretera Monumental, cerca del Puente de Santa Fe, fue cercado ilegalmente por un hombre adinerado, dueño de varias mipymes y con una banda propia. Ese terreno, que según autoridades locales carece de autorización para ser cerrado, era usado por los vecinos como acceso a sus viviendas, zona de baño en el río, recogida de leña y espacio para deportes. Al quedar bloqueado, los residentes se vieron obligados a dar rodeos peligrosos por la carretera. Pero lo que nadie imaginó es que la disputa por el paso terminaría en una emboscada.
El pasado 9 de abril, tres jóvenes de 27, 21 y 18 años, junto a un menor de 14, se dirigían al río. No traspasaron la cerca. No invadieron nada. Caminaban por un camino que siempre fue de todos. Fue entonces cuando la mujer del expolicía corrupto del barrio los insultó y amenazó. “¡Veras quienes somos los guapos aquí!”, les gritó, antes de llamar a su yerno, el dueño de la banda. Minutos después, una camioneta de lujo cargada con 17 hombres armados con bates, tubos y piedras apareció en la escena. Los jóvenes, al ver el despliegue, ni siquiera imaginaron que iban por ellos. Pensaron que había un velorio.
No había ningún velorio. Había una emboscada.
El jefe de la banda atacó al joven de 27 años a puño limpio, lo tiró al suelo y lo siguió golpeando. Otros dos hombres redujeron al de 21 años. Los vecinos miraron desde sus ventanas, paralizados por el miedo. Nadie intervino. Porque en Guanabacoa, como en tantos barrios de Cuba, el poder económico y la violencia imponen su propia ley. La banda tiene dinero, tiene protección. Y los jóvenes, pobres y sin padrinos, no tienen nada.
En medio del caos, el propio jefe de la banda resultó herido. Fue trasladado vivo al hospital, operado de urgencia y falleció dos días después. Según el denunciante, no murió a manos de los jóvenes, sino por un golpe de uno de los suyos. Pero la policía, en lugar de investigar a los 17 agresores, decidió detener a los jóvenes. El menor de 14 y el de 18 fueron liberados. El de 21 y el de 27 siguen presos. Al de 27 se le acusa, sin pruebas contundentes, de ser el responsable de la muerte del jefe de la banda.
Los verdaderos agresores —los 17 hombres armados que llegaron en camioneta, la mujer que provocó el pleito, el expolicía corrupto que ahora amenaza de muerte a la familia con arma blanca— siguen en la calle. La instructora policial a cargo del caso dijo que no tiene gasolina para investigar. Que no le corresponde a ella, sino al abogado de los jóvenes. Los testigos, aterrorizados, no se atreven a hablar. Saben lo que les pasa a quienes se enfrentan a los poderosos en Cuba: amenazas, golpes, o la desaparición de pruebas. El bate con el que golpearon a los jóvenes, que la familia entregó a la policía, ha desaparecido. Los videos que mostraban la agresión también desaparecieron. Pagaron para borrarlos.
La familia de los detenidos vive aterrada. El expolicía corrupto ha hecho comentarios públicos amenazando de muerte y los ha contactado directamente para el mismo cometido. La suegra del fallecido, la misma que inició el pleito, gritó que el asunto no quedaría así, que tienen dinero y que para eso les sirve. Y el dinero, en Cuba, compra desde camionetas de lujo hasta la complicidad de una policía que se niega a investigar.
El caso ha sido calificado como “riña tumultuaria”. Pero no hay riña cuando 17 hombres armados atacan a cuatro jóvenes indefensos. No hay tumulto cuando las víctimas son dos chicos pobres que hoy se pudren en una celda mientras los asesinos caminan libres. La policía dijo que las lesiones de los jóvenes no son graves. ¿Acaso tenían que dejarlos moribundos para que la agresión fuera considerada grave? ¿Acaso el hecho de que uno de los agresores muriera por un golpe de su propia banda convierte a las víctimas en culpables?
La familia ha acudido a la policía de Guanabacoa y de Alamar. No les recibieron las denuncias. Un oficial les dijo, sin disimulo, que la policía de Guanabacoa está “comprada”. La familia lo sabe. Aquí los débiles, los que no tienen mipymes ni camionetas de lujo, solo pueden esperar. O denunciar. O morir de miedo.
Hoy, dos jóvenes inocentes siguen detenidos. Los vecinos, amordazados por el pánico. Las pruebas, destruidas. Y la policía, sin gasolina para investigar.
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