Crisis energética en Cuba dispara precios del combustible y deja sin gas licuado a la población
La crisis energética en Cuba eleva el combustible a 6000 pesos en el mercado informal, colapsa el transporte

El desabastecimiento de combustible ha disparado los precios en el mercado informal a cifras insostenibles muy por encima del salario mínimo. El transporte se ha convertido en un lujo y la economía entera sufre el impacto. La situación se agravó tras la caída de suministros desde Venezuela y México, dejando al país sin alternativas inmediatas. A esto se suma la escasez casi total de gas licuado, que obliga a miles de familias a cocinar con leña, carbón o inventos improvisados, deteriorando aún más las condiciones de vida. Aunque Cuba recibió un envío de petróleo donado por Rusia, este solo cubrirá una fracción de la demanda y por tiempo limitado. El gobierno ha decidido priorizar infraestructuras críticas, mientras la población continúa enfrentando altos costos y precariedad cotidiana.
Este panorama refleja una crisis estructural que va más allá de la simple falta de combustible. El precio de la gasolina en el mercado informal supera con creces el salario mínimo, alcanzando los 6000 pesos en el mercado informal, lo que convierte el transporte en otro lujo. Esto encarece procesos como la distribución de alimentos y mercancías, afectando toda la cadena productiva y comercial, no solo a la población.
La escasez de gas licuado obliga a las familias a recurrir a métodos precarios como leña o carbón, lo que no solo deteriora la calidad de vida, sino que también expone a riesgos de salud (humo, contaminación doméstica) y aumenta la desigualdad: quienes no pueden pagar precios exorbitantes quedan en condiciones de subsistencia. A su vez la interrupción de suministros desde Venezuela y México evidencia la fragilidad del modelo energético cubano, altamente dependiente de aliados externos, así mismo el petróleo donado por Rusia es un alivio temporal, pero insuficiente para cubrir la demanda sostenida. El gobierno prioriza infraestructuras críticas como hospitales y medios de transporte estatales, lo que deja a la población en segundo plano, generando frustración social y destruyendo aun mas la confianza en la capacidad de respuesta institucional.
La crisis energética en Cuba no es solo un problema de abastecimiento: es un síntoma de la dependencia estructural y de la incapacidad de generar soluciones internas sostenibles. La población enfrenta un doble golpe: altos costos y precariedad cotidiana, mientras el Estado administra escasos recursos con criterios de urgencia más que de planificación.
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