Antropólogo noruego vivió como taxista en La Habana y retrató la desilusión cubana: “Salí con el corazón roto”

Antropólogo noruego vivió como taxista en La Habana y retrató la desilusión cubana: “Salí con el corazón roto”

El investigador europeo Ståle Wig pasó cerca de dos años en Cuba trabajando como taxista para conocer la realidad de la isla desde dentro. El resultado de esa inmersión es el libro “Taxi Havana”, una crónica que recoge las conversaciones con decenas de pasajeros y retrata un país atrapado entre la precariedad, la vigilancia y la pérdida total de esperanza.

En una entrevista publicada por Infobae, el antropólogo noruego resumió su experiencia con una frase que duele: “Salí con el corazón roto”.

Wig llegó a Cuba en 2014, en pleno deshielo con Estados Unidos durante la administración de Obama, cuando muchos creyeron que el cambio estaba cerca. “Eran los años de la ilusión”, dijo, y aclaró que el título tiene un doble sentido: la esperanza de entonces y la constatación de que esa esperanza era una ilusión falsa.

Su mirada, alejada de los discursos oficiales y de las estadísticas maquilladas, describe una sociedad desgastada por la escasez, la represión y el agotamiento emocional.

“En los últimos años se ha caído la máscara un poco más del régimen, sobre todo después del 11 de julio con las protestas populares. La desesperación que hay ahora es aún más fuerte que desde ese entonces”, subrayó.

Según su relato, Cuba vive hoy la crisis más seria de toda su historia moderna: no solo económica, sino política y espiritual. “El Estado está casi sin dinero, casi sin ingresos. El cubano está pensando si se levanta por la mañana y no sabe si va a tener una cena. Hay una desesperación muy salvaje”, afirmó.

El antropólogo describió un país donde los apagones superan las 20 horas diarias en provincias enteras, las escuelas se quedan sin profesores, los hospitales sin médicos, y la falta de petróleo —agravada por la presión de Estados Unidos pero también por causas estructurales internas— ha paralizado la economía.

Pero lo más profundo de su diagnóstico no es material: es la pérdida de legitimidad del gobierno. “Hay un pueblo que siente que el Gobierno ya no los representa, que no tienen casi nada ya de legitimidad”, señaló.

Wig también habló de la “traición del poder hacia las nuevas generaciones”, una frase que resume el drama de los jóvenes cubanos: su único proyecto de vida es irse. “El futuro se ha convertido en otro lugar. La meta principal del joven es marcharse”, dijo, en una descripción que confirma lo que millones de cubanos ya saben: la isla ya no ofrece porvenir para sus hijos.

El investigador noruego destacó una paradoja que solo se entiende cuando se ha vivido en Cuba: la mezcla de sufrimiento y alegría superficial. “El cubano es como el delfín que se ríe mientras tiene agua hasta aquí”, dijo señalándose el cuello. Una resistencia que no es heroica, sino forzada, y que oculta una desesperanza espiritual muy profunda.

“Taxi Havana” no es un libro de política partidista. Es el testimonio de un extranjero que, sin prejuicios, se sentó al volante y escuchó. Lo que oyó fue un clamor de hartazgo: contra los apagones, contra la represión, contra un régimen que prometió el cielo y entregó un infierno de colas y desamparo.

Por eso Wig salió de Cuba con el corazón roto. Porque saber la verdad, cuando es tan dolorosa, a veces pesa más que cualquier bloqueo. Y porque ver a un pueblo entero resignado a perder su futuro es algo que ni la antropología puede explicar. Solo sentir. Y él sintió. Ahora, también, lo cuenta.

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