Aníbal Busteliere, fugitivo del FBI por 26 años, capturado en Hialeah

Aníbal Busteliere, fugitivo del FBI por 26 años y señalado como matón a sueldo con nexos castristas, fue capturado en Hialeah.

Aníbal Busteliere, fugitivo del FBI por 26 años, capturado en Hialeah

Aníbal Busteliere, el cubano que fue matón a sueldo con posibles nexos castristas

Una historia que parece sacada de una película de policías y ladrones, pero que es un caso de la vida real, tuvo su desenlace esta semana en Hialeah, Estados Unidos. Aníbal Busteliere, un cubano de 66 años, fue arrestado por la policía local después de permanecer 26 años en la lista de los más buscados del FBI, acusado de múltiples delitos que incluyen intento de homicidio, robo a mano armada y asalto.

Durante más de dos décadas logró esquivar a las autoridades federales, a los alguaciles y a la ATF. Hasta que la policía de Hialeah le echó el guante.

Busteliere fue capturado junto a sus cómplices, Yamilé Díaz Bernal y José Eduardo Pineda, en el marco de una investigación por dos robos a mano armada cometidos en 2015 en dos joyerías de la ciudad, y un tercer intento de robo la semana pasada.

En el registro de su vivienda, una humilde casa en el este de Hialeah, las autoridades encontraron joyas de gran valor, esposas, armas y cinta adhesiva. Además, según la policía, el grupo ofrecía venta de armas a otros criminales para que cometieran más delitos.

Pero lo que convirtió a Busteliere en un “pescado grande”, como lo describieron las autoridades, no fueron solo los robos a joyerías. Su historial incluye dos intentos de asesinato contra una misma persona: en 1989 le disparó, y en 1990 intentó matarlo con una bomba.

Las autoridades lo calificaron como un “matón a sueldo”, uno de los más peligrosos del país, y señalaron que tenía “posibles nexos con Fidel Castro”. Una revelación que, de confirmarse, explicaría por qué un criminal de su calibre pudo operar durante décadas sin ser capturado: la protección del régimen castrista, que durante años utilizó a sicarios y delincuentes como extensiones de su política exterior.

La ironía es brutal. Mientras en Cuba los ciudadanos honestos son encarcelados por protestar pacíficamente o por vender viandas, el régimen presuntamente protegía a un sicario que sembró el terror en Estados Unidos. Busteliere vivió 26 años como fugitivo, probablemente con la complicidad de quienes hoy predican “lucha contra el crimen” desde la tribuna oficial.

La policía de Hialeah hizo su trabajo. El FBI, también. En Cuba, mientras tanto, los verdaderos criminales —los que roban el presupuesto estatal, los que reprimen a su propio pueblo, los que negocian con narcotraficantes— siguen libres. Y algunos, como Busteliere, tienen el descaro de vincularse a la Revolución. Por suerte, la justicia estadounidense no olvida. Y los criminales, por más que huyan, siempre terminan pagando. Aunque sea 26 años después.

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